El muro

Y entonces llegaron. Al pisar tierra firme creyeron haberlo conseguido: aquellas caminatas extenuantes, el continuo vaivén que a punto estuvo de hacerles zozobrar, habían valido la pena. Se abrazaron unos a otros, besaron la tierra que hollaban esperanzados, elevaron la mirada y vieron un futuro posible.
Mas pronto el horizonte trocó en alambrada de espino, el aire se enrareció con gases disuasorios y la ilusión comenzó a desvanecerse a golpe de rechazos. El mar a sus espaldas volvió a ellos como un océano de lamentos, de lágrimas y desdicha. En el continente de los derechos, ellos eran invisibles.

Xavier Gómez
Mayo 2016